Ahora que me entero que se va a hacer una película del Chapulín Colorado, recupero un texto que escribí en mi columna de la revista Dónde ir de agosto...
A este país, México, por si me lees en algún otro lado, lo que le falta son héroes, y le sobran síndromes; héroes de película y síndromes reales.
En realidad no se trata de decir "Oh, y ahora quién podrá defendernos" para que aparezca un héroe que nos salve a los mexicanos. No se trata de eso por varias razones.
(La razón cero la agregó ahora que encontré esta imagen en internet y es justamente que la imagen del Chapulín como héroe deja mucho que desear )
La primera es porque, de funcionar el conjuro (y parece que ya funcionó), aparecería el Chapulín Colorado, personaje cuya imborrable permanencia, lo convierte más en un síndrome que en un héroe, el síndrome de "no se nos ocurre nada nuevo".
Además, el Chapulín está casi tan viejo como su creador, Roberto Gómez Bolaños, que si bien tiene mucho mérito por haberlo creado, se quedó corto pues no logró hacerlo arquetípico, como Batman o Supermán, de los que una legión de escritores, dibujantes, actores, directores y demás se han apropiado para mantenerlos con vida y buena salud.
En dado caso, el Chapulín es una mexicanización de esos héroes, con lo que evidencia otro síndrome, el más grave, el de "los mexicanos podremos ser chistosos y tener buen corazón, pero somos chiquitos, no muy listos ni muy fuertes, tramposos, mentirosos, convenencieros y nada heroicos, si acaso caricaturas de héroes".
Y, por si lo anterior fuera poco, no aparecería el Chapulín en sí sino, dada la premisa de este texto, una película suya, lo cual ya sería el colmo.
Me explico. En su libro Atention Deficit Disorder. A different Perception, Thom Hartman dice que hay ideas que nos dan poder y otras que nos lo quitan. Decirle a un niño que tiene una cosa llamada Trastorno de Déficit de Atención (el famoso TDA o, en inglés, ADD) es imbuirle una idea que le quita poder, le dice que está mal (tiene un trastorno) y que le falta algo (es deficitario).
Espero, lector, que no hayas visto la película Percy Jackson y el ladrón del rayo, porque gracias al director Chris Columbus resultó bastante mala aunque está basada en la magnífica novela homónima de Rick Riordan, en la que un niño con TDA descubre que le cuesta trabajo poner atención en las clases de las escuelas para seres humanos por las mismas características que, como semidios que es, le permiten luchar contra el Minotauro y las Furias de Hades.
Para un niño con TDA (o hasta para un adulto como quien esto escribe) esa una idea que da poder, si no uno sobrenatural y mitológico sí, al menos, uno que se llama confianza en uno mismo.
El fracaso de la cinta de Columbus es tal que no parece que vaya a haber continuación (por cierto, ya están en español cuatro de los cinco libros de la serie), eso no significa que Percy Jackso, aunque deba confinarse a los libros, no siga siendo un "héroe de película" como los que necesitamos los mexicanos.
Y es que necesitamos ideas que nos den poder, que nos convenzan de que no es malo, vergonzoso o menor ser mexicano, y esas ideas sólo pueden provenir del mundo de la ficción, y tendrían que llegar a la más convincente forma de contar historias que tenemos, que es el cine.
Porque los héroes y sus poderes no existen en la realidad, aunque sí pueden modificarla por completo.
¿Le parece imposible? No lo es tanto, en realidad ya tuvimos algunos héroes de película que, por decirlo de algún modo, no cantaban mal las rancheras.

It is interesting, I will go back to read them again.