Lo único malo, de verdad lo único, de La libertad de ser distinto (Plaza y Janés, 174pp) de Oscar de la Borbolla, es la portada.
Parece de libro de consejos bobos de superación personal, cuando en realidad se trata de un libro de género inclasificable repleto de sabiduría y humor.
Aunque también es cierto que después de leerlo uno se siente una mejor persona. Eso no se puede negar, aun cuando el libro esté lleno, como dice el propio autor, de "pensamientos amargos".
¿QUÉ ES?
La estructura del libro es muy clara. Está divido en temas como "Sospechas", "Deseos", "Coartadas" y "Mentiras". Sobra cada tema hay ocho apartados.
Y ahí comienzan las complicaciones pues cada apartado es indefinible.
Hay ideas como esta, de "Laberintos": "La perversidad del laberinto consiste en que traiciona la esencia del camino: éste ya no es para ir de un punto a otro, sino para no poder ir".
O esta otra de "Silencios": El silencio cómplice es lo realmente escandaloso... El silencio comprado con dinero es el que no cesa de gritar".
También hay relatos. En "Muertes", por ejemplo, se cuenta la triste historia de Pico y Paco, dos pollos mascotas cuya llegada a la cazuela del mole cuando su dueño y cuidador tiene apenas seis años, es una muestra de lo mucho que una muerte nos enseña, nos hace crecer y nos curte.
En "Rostros" está la historia de "un jefe inepto que por poco me convierte en asesino".
También podemos encontrar dudas trascendentales, convicciones tambaleantes, anécdotas personales que más bien parecen fábulas y, sobre, todo, algunos chistes que de tan finos quizá los debemos llamar, con respeto, reducciones al absurdo, ejemplos de ese humor que, más que carcajadas, despierta lo que busca el autor: "la sonrisa cómplice de la inteligencia".
ANCESTROS COMUNES
Pero si dentro de los géneros literarios no es fácil encontrar los antecedentes de Óscar (perdón la familiaridad, pero después de leerlo y charlar con él aunque sea sólo unos minutos es inevitable sentirse amigo del señor De la Borbolla), sus ancestros entre los filósofos en esto de "agarrar a la desgracia con sentido del humor" brotan por doquier.
Él cita a Diógenes, Leibnitz, Cioran y pone como ejemplo a Cándido, el personaje de Voltaire, que mientras es azotado piensa sobre la fortuna de vivir en el mejor de los mundos posibles, tal como le dijo su maestro de filosofía, de lo contrario la paliza podría ser mucho peor.
LA LECCIÓN
No hace falta leer mucho para darnos cuenta de que De la Borbolla no sólo sabe muchas cosas, también es más listo que la mayor parte de la gente que podemos conocer. Y entonces nos damos cuenta de todo lo que el libro nos puede ayudar: si a este tipo tan listo y sabio le han pasado las mismas cosas buenas y malas que a uno, entonces no estamos tan mal.
"El más perverso de los laberintos, sin embargo, no es aquel que no tiene salida, sino el que tampoco tiene entrada: para estar en esos laberintos hay que nacer en ellos: la vida humana es este laberinto", escribe Óscar. Podemos intuir que si para entrar al laberinto hay que nacer, para salir habría que... pero, ¿quién quiere salir si puede tener una guía para perderse en laberinto como La libertad de ser distinto?

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