Tarde o temprano, todos lo decimos. Sólo cambia una palabra y, a veces, el género: "Una __________ (digamos película, novela, obra de teatro, canción, serie de televisión, cuadro o casi casi lo que sea)  no va a cambiar al mundo".

Y por más que la frase parezca una verdad evidente, de esas que se demuestran a sí mismas, no es del todo cierta.

Los cuentos, sinfonías, poemas y hasta jardines sí cambian al mundo.

El efecto de una sola de estas obras quizá es poco perceptible, imposible de medir, pero existe, es un pequeño cambio en el mundo que, como los aletazos de una mariposa en Tokio que pueden llegar a causar un huracán en las Antillas o como el mosquito que pisa Homero Simpson en el Pleistocen que hace que su familia sea gigante en la actualidad, puede tener enormes e impensables consecuencias.

Pero me estoy adelantando. Primero tengo que explicarles cómo sé, y no sólo intuyo, que hay obras de arte o de entretenimiento que cambian la vida de las personas.

En Superfreakonomics, Levitt y Dubner citan un estudio que demuestra (con datos duros) que la televisión por cable ha contribuido a disminuir la violencia doméstica (que es una forma un tanto neutra, en este caso, de referirse al maltrato a las mujeres) en la India. No sólo porque en las encuestas así lo dice la gente, sino por datos como que en los lugares que durante más tiempo han tenido el servicio de televisión la escolaridad de las niñas es mayor.

Imposible, e intrascendente, saber si en un caso particular, una de esas mujeres indias decidió defenderse después de ver en Movie City a Lara Croft poniéndole una maraca a Alex West (Daniel Craig) en Tomb Raider o por ver varios capítulos de Mujeres desesperadas, o si fue el marido el que pensó que tal vez le gustaría más vivir con una mujer como Angelina Jolie o Eva Longoria, lo es lo cierto es que es el conjunto el que importa.

Por cierto, no podemos dejar de mencionar que un efecto benéfico demostrado no implica que todo sea maravilloso.

La añeja discusión de si los juguetes bélicos o Rambo o han influido para que esta sea una sociedad violenta y para que los soldados estadounidenses mantengan sus guerras con medio mundo... aunque ahí el petróleo parece pesar más que la televisión.

Pero dejémonos de la India y EU, ¿y México? ¿La actual ola de violencia es culpa de las películas de los Almada? ¿Contribuirán El infierno o Capadocia a disminuirla o lo hará una canción de Natalia Lafourcade, o la de Jaime López y Aleks Syntek?

No podemos saberlo, sólo podemos seguir tratando que nuestras pequeñas acciones, entre las cuales desde luego se apresta a inscribirse esta columna, logren cambiar al mundo.